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	<title>Maira Tiscornia &#124; Psicología online &#187; on-line</title>
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	<description>Maira Tiscornia &#124; Psicología online</description>
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		<title>El Síndrome  del Ermitaño</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jul 2013 19:32:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>achugar</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[alienación]]></category>
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		<category><![CDATA[trastorno de ansiedad social]]></category>
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		<description><![CDATA[La tecnología ha traído beneficios innumerables a nuestras vidas e incluso ha modificado ampliamente nuestros hábitos. La velocidad con la que estas herramientas tecnológicas han proliferado supera cualquier cifra, y cabe preguntarnos como hacíamos un par de años atrás con ninguno de ellos. Actualmente nos resulta casi imposible pensar nuestras vidas desprendidos de nuestros teléfonos celulares, “mensajitos” de texto y computadoras con conexión las 24 horas. La ausencia de alguno de estos aparatos electrónicos en sólo uno de nuestros días representaría básicamente una situación de supuesto aislamiento y desconexión con los demás. Condición que algunos denuncian como intrínsecamente relacionada a la construcción del Ser persona basada en el Tener. Sin lugar a dudas la tecnología es buena, pero tal lo plantea brillantemente Watzlawick en su libro “Lo malo de lo bueno”, uno de los grandes errores en los que caemos los humanos es tener la convicción de que “más de lo mismo será entonces doblemente mejor”. Esta sobredosis de conectividad nos ha dejado solos, en nuestra propia “ermita tecnológica”. Solos con nuestros dispositivos conectados 24hs online y miles de ciberamigos que desconocemos. La comunicación se esta tornando paradojal y nos encontramos muchas veces frente a un problema. Los chicos, desde pequeños, están aprendiendo esta pseudo-necesidad de estar hiper-conectados tecnológicamente pero un tanto desapegados del contacto físico con otros. Lo virtual parece superar lo real y hemos llegado a vincularnos sexualmente on-line. Nuestros jóvenes están “atrincherados” una gran parte del tiempo viviendo a través del monitor, que obviamente tiene beneficios en un mundo no tan seguro. El ciber-espacio nos permite, aunque sea por un rato, ser quienes queremos ser, afrontar situaciones sin necesariamente estar,  y vivir una vida paralela llena de logros virtuales. Esa gran ventana de posibilidades que abre la virtualidad, en realidad solo nos muestra algunas de las cosas que podríamos estar viviendo. Mientras tanto nosotros seguimos allí sentados e inmóviles en el mismo lugar del que partimos. El dormitorio ha pasado a constituir la sala de estar de cientos de chicos noctámbulos que juegan, viven y crecen  viendo su reflejo en la pantalla. A esto le llamo yo el síndrome del ermitaño. Una ermita es un santuario o capilla situados en un lugar despoblado, tan desconectado del vínculo humano como lo es ese dormitorio adolescente y su dispositivo. Sin ansias de alarmar y sin generar lo que el Dr. Alfredo Cía ha comenzado a denominar Trastornos por amenaza mediática, no podemos desconocer determinados aspectos negativos de estos sustitutivos medios de comunicación.  El dilema no es Internet, ni la tele, ni ningún otro dispositivo; sino como estos han empezado a ocupar espacios cada vez más privativos de la interacción social. Podría decirse que la tecnología, una herramienta útil y formidable, aplicada en dosis exacerbadas deviene en un problema (con incluso síntomas físicos como dolor cervical, contracturas, problemas visuales, modificaciones en el sueño y la alimentación). Como bien dijo Watzlawick, creer que “más de lo mismo genera el doble de bienestar” ha sido desde antaño un gran error humano. Maira Tiscornia Licenciada en Psicología y Analista en Publicidad. maira.tiscornia@gmail.com]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignright  wp-image-2447" alt="" src="http://www.mairatiscornia.com/wp-content/uploads/2013/07/El-Sindrome-del-ermitanno-imagen.jpg" width="297" height="184" />La tecnología ha traído beneficios innumerables a nuestras vidas e incluso ha modificado ampliamente nuestros hábitos. La velocidad con la que estas herramientas tecnológicas han proliferado supera cualquier cifra, y cabe preguntarnos como hacíamos un par de años atrás con ninguno de ellos. Actualmente nos resulta casi imposible pensar nuestras vidas desprendidos de nuestros teléfonos celulares, “mensajitos” de texto y computadoras con conexión las 24 horas. La ausencia de alguno de estos aparatos electrónicos en sólo uno de nuestros días representaría básicamente una situación de supuesto aislamiento y desconexión con los demás. Condición que algunos denuncian como intrínsecamente relacionada a la construcción del Ser persona basada en el Tener.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin lugar a dudas la tecnología es buena, pero tal lo plantea brillantemente Watzlawick en su libro “Lo malo de lo bueno”, uno de los grandes errores en los que caemos los humanos es tener la convicción de que “más de lo mismo será entonces doblemente mejor”. Esta sobredosis de conectividad nos ha dejado solos, en nuestra propia “ermita tecnológica”. Solos con nuestros dispositivos conectados 24hs online y miles de ciberamigos que desconocemos. La comunicación se esta tornando paradojal y nos encontramos muchas veces frente a un problema. Los chicos, desde pequeños, están aprendiendo esta pseudo-necesidad de estar hiper-conectados tecnológicamente pero un tanto desapegados del contacto físico con otros. Lo virtual parece superar lo real y hemos llegado a vincularnos sexualmente on-line. Nuestros jóvenes están “atrincherados” una gran parte del tiempo viviendo a través del monitor, que obviamente tiene beneficios en un mundo no tan seguro. El ciber-espacio nos permite, aunque sea por un rato, ser quienes queremos ser, afrontar situaciones sin necesariamente estar,  y vivir una vida paralela llena de logros virtuales.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa gran ventana de posibilidades que abre la virtualidad, en realidad solo nos muestra algunas de las cosas que podríamos estar viviendo. Mientras tanto nosotros seguimos allí sentados e inmóviles en el mismo lugar del que partimos.</p>
<p style="text-align: justify;">El dormitorio ha pasado a constituir la sala de estar de cientos de chicos noctámbulos que juegan, viven y crecen  viendo su reflejo en la pantalla. A esto le llamo yo el síndrome del ermitaño. Una ermita es un santuario o capilla situados en un lugar despoblado, tan desconectado del vínculo humano como lo es ese dormitorio adolescente y su dispositivo. Sin ansias de alarmar y sin generar lo que el Dr. Alfredo Cía ha comenzado a denominar Trastornos por amenaza mediática, no podemos desconocer determinados aspectos negativos de estos sustitutivos medios de comunicación.  El dilema no es Internet, ni la tele, ni ningún otro dispositivo; sino como estos han empezado a ocupar espacios cada vez más privativos de la interacción social.</p>
<p style="text-align: justify;">Podría decirse que la tecnología, una herramienta útil y formidable, aplicada en dosis exacerbadas deviene en un problema (con incluso síntomas físicos como dolor cervical, contracturas, problemas visuales, modificaciones en el sueño y la alimentación). Como bien dijo Watzlawick, creer que “más de lo mismo genera el doble de bienestar” ha sido desde antaño un gran error humano.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Maira Tiscornia</em><br />
<em>Licenciada en Psicología y Analista en Publicidad.</em><br />
<em>maira.tiscornia@gmail.com</em></p>
<hr />
<p><a href="http://www.mairatiscornia.com/wp-content/uploads/2013/07/El-sindrome-del-ermitanno.pdf" target="_blank" class="gdl-button shortcode-medium-button" style="color:#ffffff; background-color:#d0fffb; border-color:#c6f2ee; ">Descargar versión PDF</a></p>
<hr />
<p><a href="http://www.mairatiscornia.com/contact/"><img alt="Consúltenos, click aquí" src="http://www.mairatiscornia.com/wp-content/uploads/2013/04/consultenos.png" width="638" height="30" /></a></p>
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